Tu árbol

23 Sep

Hay belleza en el árbol, como tú me decías. Al fin lo entiendo. Percibo ahora el placer de la luz golpeando sus ramas, disfruto el color de sus hojas y, cuando en invierno me acerca hasta él, también veo belleza en su cuerpo desnudo. Vengo aquí a reencontrarte. En el sendero voy dejando la percepción del tiempo… Descalzo mis pies sobre la tierra que sostiene su tronco y sencillamente, me abandono. Plantado en la memoria, tu árbol crece siempre hacia adentro, como crece el recuerdo. Mi hiciste prometértelo una tarde de junio: “vuelve aquí siempre y aunque no esté, acuérdate de mí”, me dijiste. Así lo hago siempre que puedo y, es hermoso. Sí, también puede latir belleza en la ausencia; tu ausencia y tu recuerdo, abuelo.

Texto: Briara Iriarte

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Habitación nº 15

23 Sep

No hay peor ruido que el golpeteo desatado por el silencio de un hospital. Esa mudez corroe, maltrata, desmigaja el alma. No hay noches más lúgubres que las alumbradas por la luz mortecina que reflejan esos pasillos alcanforados, raídos de sueños, forrados de congojas. No hay espacio más eterno que las horas ahí agotadas. Los minutos reptan, culebrean por la mente, se arrastran como sombras apesadumbrando las manecillas del reloj. El tiempo, implacable, en esta habitación de hospital no pasa, permanece, acampa, te araña, te lastra, te maltrata como si fuera un gigante desatado, pisoteando esos pasadizos saturados de padecimiento y esperanza. Clarea la noche; el cuerpo duele, cansa. Ovillado por los hilos de la redundancia y de la repetición me percibo tatuado en la cama: ella y yo somos la ! misma cosa, el mismo mueble. Intento caminar, desperezarme peregrinando por esos túneles coloreados de blanco nada, tirito
auscultando esa afonía pálida, alicaída, ingrávida – acuchillada algunas veces por el lloro de un niño, tiroteada otras por los gemidos de un anciano-. Siento un vacío infinito. Me estremezco. Transito serpenteando por este mar de silencio, como un autómata sonámbulo intentando consumir los segundos, extinguirlos, anhelando acelerar el tiempo. Me descubro ratón diminuto enjaulado en un laboratorio, haciendo girar la noria infinita de la fatalidad. Respiro hondo. ¿Qué nos queda? Encomendarnos a Dios, también al diablo. Sólo es un juego, el de la vida: azar, destino, razón, ciencia, suerte.

Texto: Xavier Blanco

Angulo de Reposo

22 Sep
De este autor ya había leído En lugar seguro; encuentro entre uno y otro libro bastantes semejanzas. En primer lugar en los títulos: las palabras reposo, seguro,  evocan en mí la misma sensación de búsqueda de refugio. También en los personajes –en ambos libros, uno de los personajes principales es profesor universitario –Sid, en En lugar seguro y Lyman en este; igualmente, los personajes de Charity y Susan tienen mucho en común –aunque si tengo que quedarme con una de ellas, casi prefiero a la primera. También la forma en que describe a las mujeres- Charity, Susan, Ellen –la ex mujer de Lyman- me hizo preguntarme si el autor sería un misógino o había tenido un matrimonio “poco afortunado”
El mismo paralelismo que Sigue leyendo

Confieso

21 Sep
En marzo evalué el veraneo de febrero. En junio, en el mismo junio, el crimen. En septiembre me torné sombrío. Y en pleno diciembre treinta y uno, intento recapacitar. En abril le di forma al plan que ejecuté en junio. En septiembre encontraron el cadáver. Que no me agredas, me desconcierta: ella no te era indiferente. Además, te amaba. No toleré que no se quedase conmigo quedándose a mi lado. Se reía. Todos sabían en el barrio. De mí, de mi inocuidad. Habrá un feliz año nuevo. Porque confieso: la estrangulé. Le pegué después de muerta, lo hice. La desnudé y le pegué. Se termina, viejo. Hoy, por fin, me siento equidistante, sincero.

Texto: Rolando Revagliatti

Corrígeme si me equivoco

21 Sep


Salí del zaguán, la luz del sol me daba directamente en los ojos, dejaba atrás un reguero de incertidumbre, intentaba averiguar la razón de tu desprecio.

Mis pasos marcaban el ritmo de la angustia, sabía que no iba a volver a ver esos labios sensuales dibujando susurros en mi memoria.
Intuir una explicación que borrara ese portazo, el sonido más afilado de aquellos momentos.
Frenesí, con furia y sin lógica. Terca locura. Delirios de pasión.
Primero desenfreno en tus mordidas, dedos que clavaban excitación en mi carne, inquietante danza de deseos, indescriptible contorno en tus curvas, el recuerdo del ardor que nos unía.
Después el dolor, el desgarro de perderte, la ansiedad de tu indiferencia.
Esa duda despojó tu sombra de mi cuerpo, consiguió arrancar violencia de mi alma, desvaneciendo el único aliento que nos ligaba.

¿Dónde está la llave?

21 Sep

Y ahí estaba yo, haciendo de modelo excelso, de repente y sin venir a cuento, mientras tú dibujabas con tus curvilíneas letras brillos metálicos sobre mi piel.
Mientras fui lienzo, calculaste cada ángulo, cada forma, para que aquello que estabas dilucidando fuera silueta, artista consciente, ardiente; sucumbí, preso de la delicia, al aleteo silencioso y melancólico de tus pinceladas, manifiestas y olorosas, cúlmen de convulsiones rebosando miel a borbotones, dibujando aquel candado.

-¿Dónde está la memoria de los poetas?-
Se van dejando la cartera en los bares, la cabeza en los cuartos oscuros, la guirnalda agradecida en el borde del vaso, el candado encajado en la piel.

-¿Dónde está la llave?-

Desde esta agridulce certeza te sueño, te pienso y te amo.

Texto: Michel Manuel Canet

Ojos líquidos

21 Sep
Ojos líquidos de insondable mirar, de centelleos acuosos que invitan a explorar oscuridades ignotas. Ojos misteriosos que imantan voluntades atrayéndolas a sus profundidades abisales para sumergirse hipnóticas a buscar más abajo, más adentro. Ojos solitarios anhelantes de ser examinados, deseosos de iluminar y ser iluminados, ignorantes de su poder silencioso. Mirada fina, a veces afilada y otras sombría cuando se debate en las incertidumbres del claroscuro. La luz que penetra todavía solo a medias por temor a que alumbre rincones en tinieblas, sin sospechar que la claridad volatilizará los miedos espectrales adheridos al fondo de la caverna que empieza a agrietarse.
Hacia arriba y hacia afuera el día resplandece exuberante, pletórico y fecundo, sobrado de la vida. La tentación es bidireccional: la mirada líquida pulsa por derramarse atravesando los muros represivos de la contención, incontenibles, ingobernables, descontrolados, desbordantes, exultantes.
Y la luz lo invadió todo, y no quedaron vampiros en el reino de los mortales, ni fantasmas diurnos, ni deseos reprimidos, ni príncipes ni princesas.
Ojos, miradas, amores líquidos, lo humano también es líquido, no sólido, sino líquido.